Martes 13 de Enero de 2026 Comunidad

Karen Pacheco y el amor por la Virgen de la Montaña 

Es la primera coordinadora general de la Guardia del Santuario y su misión es cuidar a la Chinita en todas las instancias importantes.

“Es una gran responsabilidad proteger a la Chinita, además de entregar amor, sacrificio y tener empatía con las personas que llegan a celebrar la Fiesta Grande”, cuenta la coordinadora general de la Guardia del Santuario, Karen Pacheco, quien junto a unos 60 cascos blancos son los encargados de custodiar a la Virgen Nuestra Señora del Rosario de Andacollo.

Ahí, entre miles de peregrinos que llegan todos los años a la Fiesta Grande, se observa cómo desempeña su labor y la cercanía que tiene con la Virgen de la Montaña, pues desde los 15 años se ha dedicado a cuidarla, y “fue porque hice una manda. Hasta ese entonces, solo bailaba en los Chinos N°8. Ahora mi responsabilidad es grande”.

Todo terreno 

En un día normal, la coordinadora general de los cascos blancos “es una mamá, es trabajadora, está en pareja y trabaja con niños”, afirma la andacollina criada en el Barrio Norte, en la casa de su padre, el popular Charro de la Montaña. 

Se ríe al contar que no canta rancheras, guarachas ni cumbias, como su padre, “ya que lo mío va por las baladas románticas. Sí canto bien, y lo he demostrado en los distintos festivales que se han realizado en la comuna”

También trabaja en el Programa 4 a 7 de Sernameg (Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género), que es una iniciativa apoyada por el municipio y que respalda la autonomía económica de las mujeres, ofreciendo cuidado integral y seguro para los niños de 6 a 13 años después del horario escolar. Por tanto, “mi vida está dedicada a los niños y a la Chinita. Soy asistente de párvulos; soy profesora en la Escuela de Talentos, donde hago clases en el taller de baile y coreografía”, añadió.

Casco blanco 

Si bien su amor por el cuidado de los niños es inmenso, también lo es ser una más de los integrantes de la Guardia del Santuario, porque “ahí el amor es más fuerte. Se trata de proteger a la Chinita, que es lo principal. Luego, prestar servicio al peregrino. Y debemos ser empáticos con las personas que llegan a las fiestas cumpliendo mandas, los danzantes y, reitero, estar ahí a los pies de la Chinita”.  

El amor de los cascos blancos por el prójimo es grande, porque “muchos de los guardias también trabajamos en la Camioneta Solidaria, que una vez al año recorre las calles de Andacollo solicitando alimentos para ir en ayuda de los más necesitados”.

Aclara que eso de trabajar es darlo todo por la Chinita y el prójimo, pero “acá no hay dinero de por medio, somos voluntarios”. Además, guardia del santuario puede ser cualquier persona que tenga fe y desee cuidar a la Chinita; incluso pueden ser personas menores de edad, pero en ese caso deben contar con el permiso de sus padres.

La coordinadora dice sentir un noble orgullo “por ser la primera mujer en dirigir la agrupación en su historia”. Por tres años fue la segunda coordinadora, que “siempre fue dirigida por hombres, así que ahora me tocó a mí. Además, lo importante es que se elige en una votación democrática cada dos años”.

Agrega que el trabajo voluntario que hace cada uno de los integrantes es encomiable y “las gracias y felicitaciones que les brindan los peregrinos es maravilloso para cada uno de nosotros”. Sobre su labor voluntaria señala, además, que “juntamos los recursos para la adquisición de los petos y, por cierto, dependemos del Santuario de Andacollo”.

En cuanto a la labor concreta que realiza cada uno de los integrantes, Karen Pacheco señala que sus servicios están delimitados, pues hay guardias encargados de rutas, de los portones, los que protegen el anda y otros están rotando. Se suman también los guardias del museo, los que están en los lugares de las mandas, los del Templo Chico; “todos vamos rotando y haciendo lo mejor por la Chinita y los fieles y peregrinos”.

Destaca que los Guardias del Santuario no solo son de Andacollo, pues llegan integrantes desde otras regiones, y todos por mandas que le han hecho a la Chinita. “Aquí todos somos uno y nos une el amor por la Chinita”. 

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