Claudio y Jorge: Dos alumnos agradecidos de los talleres
El padre perfecciona su talento en el teclado y el hijo en la batería. Reconocen que la Escuela de Talentos les cambió la vida.
Son muchos los alumnos que han pasado por la Escuela de Talentos Andacollinos a lo largo de sus 12 años. Todos agradecen que la comunidad tenga los talleres, donde niños y adultos perfeccionan sus habilidades. Y Claudio Araya Vega, especialmente, agradece la oportunidad de pasar un tiempo de oro junto a su hijo Jorge, de 12 años, quien aprende a tocar batería.
Son dos horas a la semana los que Claudio Araya los dedica al taller de música. “Solo espero que llegue el lunes, que son los días de mi clase de teclado. Me encanta la música, pero también me agrada estar junto a mi hijo Jorge, que estudia en 7ª básico del Colegio Parroquial. Ahora, por qué es especial pasar momentos juntos, es porque él tiene TEA °1. Ahora comprende lo que significa para mí estar a su lado y hacer música; la pasamos muy bien”.
Claudio Araya, de acuerdo a lo que ha aprendido de un niño con TEA, señala que un instrumento de percusión es ideal para el desarrollo rítmico y liberar emociones. Por lo mismo, la batería es lo mejor. Además, agrega que “tocar música con un hijo fortalece el vínculo emocional, mejora la coordinación y estimula el desarrollo cognitivo y del lenguaje”.
Para este padre de 40 años, la Escuela de Talentos es maravillosa, porque la ayuda a su hijo Jorge es impagable. “Mi hijo, que dibuja muy lindo, estaba en el taller de dibujo. Lamentablemente no lo impartieron más por falta de alumnos. Ahí quedó mi hijo sin poder perfeccionar su talento, pero me pidió que lo inscribiera en el taller de batería. Y ahí está desde el año pasado. Se siente feliz y yo también, porque vamos juntos a clases”.
“La música nos une”, afirma Claudio Araya. “Claro, porque luego de asistir al taller, en casa nos sentamos a tocar juntos. Hacemos música, yo en el teclado, Jorge con la batería y mi señora Nicole nos alienta. Es decir, la música nos une, nos tiene feliz y superando las adversidades”.
Este padre orgulloso, que terminó la enseñanza media en el Liceo PRVO, y trabaja en la Ferretería Las Catanas, lleva años aprendiendo a tocar teclado en el taller de música. “Claro que aprendí a tocar instrumentos en la Banda Instrumental del maestro Humberto Escalante, donde toqué barítono, trombón… Ahí comenzó mi amor por la música, aunque no tengo ninguna preferencia”.

Si bien sabe tocar varios instrumentos, el que “me gustaría aprender bien, es el piano. Sí, tuve clases con una profesora que venía desde La Serena, pero aprendí a leer y tocar música con el maestro Mario Cifuentes, un gran maestro que me llevó a sentir y conocer la música”.
Aunque nunca ha tocado en una agrupación, le gustaría pertenecer a una banda. Por lo mismo, este joven padre no pierde las esperanzas, aunque “es difícil por el horario de trabajo. Así que las energías las dedico a tocar con mi hijo, quien anda tocando lo que pilla por ahí; lleva el ritmo en el corazón. Lo bueno es que en los talleres está aprendiendo a tocar batería y eso lo alegra mucho. Es más, no quiere que las clases se terminen, al igual que yo. Claro, es nuestro pasatiempo y lo hacemos juntos”.
Mientras Jorge intenta sacarle ritmo a la batería en una salita que tienen en su casa de la Villa Juan Pablo II, su padre, quien padece una escoliosis que no le permite hacer deportes, agradece a la Escuela de Talentos, porque además de tener los talleres, también cuenta con una la Sala Multisensorial, donde los profesionales ayudan a que Jorge cada día se pueda desenvolver en esta difícil y complicada sociedad. “Eso no lo podemos pagar y, por lo mismo, nuestros eternos agradecimientos por contar con los talleres y la sala, donde no pagamos un peso y somos felices”.



