La familia destaca en el centro de madres Inés de Suárez
Es uno de los más antiguos de la comuna y las socias sueñan con realizar su anhelado viaje al sur.
“Trabajar, trabajar y sin sueldo. Esa es la labor a la que tienen condicionada a una dueña de casa del sector popular”, afirma la presidenta del Centro de Madres Inés de Suárez, Iris Leiva Pastén. Cada semana, el grupo reúne a familias del Barrio Bellavista en un espacio que combina conversación, un té compartido y la confección de manualidades que luego se exhiben en la Plaza Videla.
Aunque antiguamente se decía que los centros de madres eran solo lugares para “pasar el tiempo”, la presidenta aclara que la realidad es muy distinta. “Aquí buscamos un espacio de convivencia, trabajo y participación de las socias, además de actividades comunitarias, recreativas y talleres ocupacionales”, señala. El funcionamiento se sostiene con cuotas mensuales de las integrantes, un aporte simbólico por el té, y recursos municipales y de la Mesa CAT.
Los lunes ya son una tradición para estas dueñas de casa, que se reúnen entre las 15 y 18 horas. Aunque la sede está en Bellavista, las socias llegan desde Casuto, Las Tacas, Pan de Azúcar, e incluso desde el centro de Andacollo. Muchas nacieron en el barrio y regresan, aunque vivan actualmente en otros sectores, “porque no olvidan su lugar de niñez”, comenta la presidenta. En la última reunión del año, hicieron un balance, compartieron un mote con huesillo y recordaron los trabajos y exposiciones del año, comprometiéndose a volver con nuevas ideas y energías renovadas.


Una de las integrantes que confirma esa conexión profunda con el lugar es la señora Mérida Blanco, quien vivió en Los Loros y luego muchos años en El Salvador. Hoy participa feliz en el Centro de Madres Inés de Suárez. Todas las socias son dueñas de casa y muchas participan en familia. “Aquí una es bisabuela, viene con su hija, su nieta y su bisnieto”, dicen entre risas, mientras apuntan a la señora Mérida, quien se levanta orgullosa y afirma “esa soy yo”. Ella muestra a su pequeño bisnieto y agrega: “Él es socio, paga sus cuotas y también hizo un trabajo para la exposición. Eso es lo importante: que la familia participe y aprenda”.
María Pastén, en tanto, llega acompañada de su madre, una de las fundadoras del centro, creado el 4 de abril de 1968. “Nacimos para ayudar. Partimos con una directiva provisoria buscando el reconocimiento legal. Hacíamos rifas, empanadas y picarones para reunir dinero e ir en ayuda de las mamitas con más problemas”, recuerda.
Aunque reciben apoyo del municipio y de la Mesa CAT, las socias coinciden en que necesitan otra mano amiga para contratar una monitora. Rosa Godoy, la socia más antigua y que vive en Casuto, afirma que “volví porque no olvido mis raíces. Aquí hacemos hermosos bordados, tejidos en lana y cuadros de lanigrafía”.
Iris Leiva destaca la voluntad de las socias más antiguas y el talento de quienes enseñan con paciencia. “Ese trabajo se refleja cada año en las exposiciones que presenta la Unión Comunal de Centros de Madres. Somos un grupo comprometido y orgulloso de lo que hacemos”.



