La Rulo y su arte de capturar el alma andacollina
Rodelinda González y su inseparable máquina fotográfica, con la que lleva más de 40 años ganándose el sustento diario a través de los retratos.
“Ahora tengo un autito, pero antes caminaba más que Kung Fu buscando dónde sacar fotos”, cuenta con humildad Rodelinda González Aliaga. Quizás su nombre no resulte tan familiar, pero basta decir “La Rulo” para que en Andacollo todos sepan de quién se habla. Esa mujer delgada, de paso rápido, que desde hace décadas recorre la comuna buscando ganarse el sustento con su inseparable cámara.
“¡La Rulo, nomás! Dígame así”, dice entre risas. El apodo la acompaña desde la infancia, por su cabellera crespa. “La Rodelinda se perdió en el tiempo y la Rulo se hizo famosa”, comenta sonriendo, agregando que incluso el sacerdote la llama de esa forma.
Su historia no fue fácil. Creció en el sector Manganeso, en una familia humilde. “Mis padres fueron muy buenos, pero éramos muy pobres. Con mis hermanos hacíamos pallaqueo, recuperando mineral para venderlo. Nada de infancia feliz”, recuerda. La adolescencia tampoco trajo alivio. Estudió en la Escuela Parroquial y llegó hasta segundo medio en el liceo, pero la vida tomó otro rumbo. “Nunca pensé en estudiar. Me casé joven y lo mejor de esos tres años fueron mis dos hijos. Luego me separé”, relata sin rodeos.
Desde entonces, luchó sola por sacar adelante a su familia. Lavó, planchó y realizó aseo en casas particulares. Con el tiempo, su hija mayor la ayudó a criar a su hijo Gerardo, quien trabajó en la minera y falleció hace algunos años, dejando tres hijos. Hoy, la Rulo vive junto a su madre, Nely Aliaga, de 92 años, en el Barrio Norte. Además, cuenta con su propio departamento en el Condominio Los Álamos, una vivienda social que cuida con orgullo.

Con rollos
La fotografía llegó a su vida por necesidad. Quería una foto de su hijo, pero el fotógrafo de la plaza no quiso tomarla. “Ahí empezó todo”, dice. Reunió dinero y compró su primera cámara, sin saber siquiera cómo poner un rollo. “Estamos hablando de hace más de 40 años. Aprendí en el camino”.
Hoy trabaja con una cámara Canon, ganada en un concurso de Teck CDA. “No soy profesional, es mi oficio y con esto me gano la vida”, afirma. En ese recorrido recibió apoyo, especialmente de la exalcaldesa Marcelina Gallardo. “Me llevaba a todas las actividades como fotógrafa y después me compraba las fotos. No tenía contrato, pero estaba bien”.
Aunque los tiempos cambiaron y la tecnología avanzó, la Rulo sigue fiel a su método. “Trabajo como antes: saco las fotos, voy a La Serena a revelarlas, elijo las mejores y después salgo a repartir. Muchas veces me pagan a fin de mes porque están cortos de plata. Son $1.500 por foto”, explica.
Asegura que las mejores oportunidades están en bautizos, matrimonios, festivales y actividades comunitarias. “Donde es segura la pega es en las escuelas, para aniversarios y actos. Las directoras siempre me llaman”, destaca. En las fiestas de la Chinita, en tanto, la fotografía queda de lado: “Ahí me dedico a deshojar flores cuando sacan a la Virgen”.
Si no hay fotos, no hay ingresos. Aun así, complementa con una pensión de $220 mil y espera recibir la PGU. “Ya tengo 71 años, así que habrá que esperar”, dice con humor.
Pese a las dificultades, no se queja. “Me ha ido bien. Para qué decir otra cosa, si Dios y la Chinita siempre me han ayudado”, concluye la Rulo, reflejo vivo de esfuerzo, dignidad y memoria andacollina.



