Patricia Blanco, jefa UTP Colegio Parroquial: “Algunos seguimos luchando por un mundo mejor”
La docencia atraviesa transformaciones profundas: nuevos desafíos, dinámicas y un escenario social distinto al de hace décadas. Sin embargo, también vive un momento donde la vocación, el compromiso y el sentido de propósito se vuelven más visibles.
La profesora Patricia Blanco Valdivia es jefa de la Unidad Técnica Pedagógica del Colegio Parroquial, y después de 30 años en la educación mantiene intacta la convicción de que enseñar sigue siendo una de las tareas más valiosas para construir futuro. “Aunque es un trabajo exigente, algunos seguimos luchando por un mundo mejor”, afirma con serenidad.
La andacollina, formada en la educación pública de La Serena y con dos décadas como jefa de la UTP, sonríe cuando reconoce cómo la ven sus estudiantes: “la vieja pesada”. “Es cierto —dice—, ninguno quiere llegar a mi oficina. Ahí se marcan las pautas de buena conducta y la disciplina está bien definida. Afortunadamente, nuestros estudiantes respetan los horarios y no tenemos conflictos mayores. No digo que sean santos, pero saben comportarse”.
Profesora de educación diferencial titulada en la Universidad de La Serena, comenzó su carrera en 1995, un periodo donde —recuerda— el trabajo en casa era una extensión inevitable de la jornada, y el salario un desafío permanente. Hoy reconoce avances importantes.
“La docencia es cada día más compleja, sí, pero se han dado pasos relevantes. La carrera docente ha sido un apoyo significativo. Además, el trabajo conjunto con educadoras diferenciales, psicóloga y terapeuta ocupacional ha mejorado mucho las condiciones laborales. Ya no es necesario llevar todo a casa: contamos con horas lectivas para correcciones y preparación de material”.
Como parte del equipo directivo del Colegio Parroquial, Patricia coordina docentes, aporta al equipo de convivencia y organiza el trabajo académico del año. Nada de eso parece cansarla. “Nunca he bajado la guardia. Al contra rio, cada día me gusta más mi trabajo. Formar niños y niñas es una tarea gratificante; ellos también te enseñan”.
La satisfacción se multiplica cuando los resultados hablan por sí mismos. “Es emocionante cuando nuestros estudiantes ingresan a Medicina, Derecho o Ingeniería en universidades prestigiosas. Y no es uno: son varios. Tenemos un porcentaje alto de ingreso a la educación superior. Eso es un orgullo personal y colectivo. Acá todos los alumnos son iguales: la escuela es gratuita, recibe apoyo del Estado y una cuota anual del centro de padres. Cuando hacemos seguimiento y vemos que avanzan, decimos: ‘tarea cumplida’. Lo mismo expresan sus familias”.


Patricia reconoce que hoy menos jóvenes quieren ser profesores, aunque insiste en que la esperanza sigue viva. “Hay estudiantes con verdadera vocación, que luchan contra la adversidad y son formadores innatos”. También recuerda que la escuela no es la única responsable. “La formación viene desde casa. Sí, existen familias disfuncionales, tecnología excesiva y baja natalidad. Pero aquí las cosas no han pasado a mayores gracias al trabajo del equipo multidisciplinario”.
Para ella, lo esencial permanece: “Todos trabajamos para que los alumnos sean cada día mejores. Eso reconforta, te alienta y te motiva mucho”.



