Juan León: Uno de los últimos cultores de los flautones andacollinos
Fue reconocido por mantener viva una tradición ligada a la identidad, la devoción y el patrimonio musical de Andacollo.
“Es un gran orgullo ser reconocido y más cuando uno es una humilde persona nacida y criada en este pueblo”, cuenta emocionado Juan León Castillo. Su vínculo con los bailes chinos comenzó prácticamente con su vida: cuando tenía dos años, su madre lo encomendó a la protección de Nuestra Señora de Andacollo luego de que enfermara de meningitis. Hoy, a sus 84 años, es reconocido por su trayectoria como jefe del Baile Chino N°8 y por ser uno de los últimos cultores dedicados a la confección de los tradicionales flautones andacollinos.
El homenaje se realizó en una jornada organizada por la gestora cultural e investigadora del patrimonio inmaterial y los bailes chinos, Carolina Herrera Rojas, que reunió a especialistas, investigadores y músicos para reconocer y poner en valor el trabajo de Juan León. Herrera destacó que durante 15 años ha trabajado junto a él en torno al conocimiento de estos instrumentos, su fabricación y la búsqueda de las cañas utilizadas para dar vida a su particular sonido.
Entre los participantes estuvieron José Pérez de Arce, arqueomusicólogo y especialista en instrumentos prehispánicos de Sudamérica; Claudio Mercado, antropólogo y etnomusicólogo, jefe de Patrimonio Inmaterial del Museo de Arte Precolombino; y Rafael Medina, músico, lutier y constructor de instrumentos.
“Que ese reconocimiento fuera en vida es impagable”, señala Juan León. “Que destaquen lo que uno hace es para sentirse muy bien”, agrega.
Una vida ligada al Baile Chino N°8
“Desde los dos años que estoy en los bailes. Muchos se preguntan cómo comencé, dónde lo hice y en qué momento me inicié en la confección de las flautas. Desde los tres años comencé en los bailes y en el Baile Chino N°8 estoy desde los seis años, y ahora tengo 84 años”, relata.
También recuerda el origen minero de la agrupación. “Nacimos en Chepiquilla, donde había un pueblito, más chiquito y más abajo, que se llamaba El Tome. Ahí nacimos como baile. Fue por allá en el año 1856, poquito antes. En esa época el baile fue inscrito en los registros de la Parroquia”.
Durante su infancia acudía hasta El Sauzal, donde Agustín Ruiz, entonces jefe del Baile Chino N°8, y su hermano Humberto enseñaban a los niños a confeccionar los flautones. Allí aprendió también a preparar los cueros para los tambores y a seleccionar las cañas que entregan el sonido característico de estos instrumentos.

Con los años, Juan León comenzó a fabricar sus propios flautones y profundizó un conocimiento transmitido de generación en generación. “Me ha dado la oportunidad de ser un privilegiado, porque pude tocar una flauta de los antepasados que está en el Museo de La Serena”, comenta.
Un sonido que se resiste a desaparecer
Antiguamente, recuerda, cada baile chino contaba con su propio constructor de instrumentos. Hoy solo quedan unos pocos cultores que conservan las técnicas heredadas de sus antepasados, transformando su trabajo en un valioso resguardo del patrimonio musical y religioso de Andacollo.
La fabricación de los flautones comparte algunos principios con otros aerófonos andinos, como la zampoña o la quena, pero exige un conocimiento particular para conseguir el sonido que acompaña a los bailes chinos.
Juan León explica que una de las claves está en la calibración de cada instrumento. “Uno hace es calibrar el sonido de la flauta para que lloren, y eso significa que las flautas suenen bonitas y motiven el corazón de la Chinita”.
A sus 84 años, continúa resguardando ese conocimiento y una tradición que reúne música, fe e identidad, convirtiéndose en uno de los últimos guardianes de un sonido profundamente ligado a la historia de Andacollo.



