Osvaldo Mondaca andero de toda una vida
Hizo una manda a La Chinita para salvar la vida de su hijo y a sus 71 años todavía siente la fuerza y el llamado para seguir cumpliendo su promesa.
Desde tiempos inmemoriales, los anderos de Andacollo cargan a Nuestra Señora del Rosario en las procesiones, renovando su fe y compromiso en la Fiesta Chica y la Fiesta Grande. Entre ellos destaca Osvaldo Mondaca, conocido como “el Grande”, quien suma 49 años llevando a la Virgen de la Montaña sobre sus hombros.
Los anderos son devotos que cumplen promesas portando el anda, tradición que se remonta a fines del siglo XVI, cuando el indio Collo encontró la imagen en el cerro. Osvaldo sobresale por su estatura, su fuerza y su cabello canoso, pero también por su constancia. “Soy el más antiguo, el más grande y el primero en llegar a las cinco de la mañana. Por eso soy el primero en el anda”, comenta con emoción.
Asegura que continuará mientras las piernas lo acompañen o La Chinita así lo permita. “Tengo 71 años y 49 llevando a la Virgen. He tenido problemas de salud, pero igual estoy junto a ella”.
EL ORIGEN DE LA DEVOCIÓN
Su promesa nació hace décadas, cuando su hijo Carlos, de apenas un año, estuvo al borde de la muerte. “Un domingo estábamos en una cancha, disfrutando del día, y sin aviso se me fue para atrás. Tenía los ojos blancos”, recuerda con lágrimas. Un vecino lo llevó de urgencia al hospital, donde el doctor Jacob le advirtió: “Te demorabas diez minutos más y el niño se va”. Tras el susto, y mientras su esposa se quedó en el hospital, Osvaldo fue directo a la iglesia.
“Le pedí a La Chinita de corazón: si lo salvaba, la cargaría toda la vida o mientras me dieran las fuerzas”.
Antes de convertirse en andero, Osvaldo no participaba en las fiestas. Le gustaba el fútbol y era un firme defensa del equipo Manganeso. También trabajó como minero y perforador, donde tuvo varios percances. “Parece que le caigo bien a la virgen, si no, otra sería la historia”, dice entre risas.
Cuando le preguntan qué siente al cargarla, responde “Es muy bonito y emocionante”. Durante la Procesión del Señor, en Semana Santa, la llevó durante 33 años. Hoy se concentra en las fiestas de octubre y diciembre, donde suma ya casi medio siglo de compromiso.
Reconoce que muchas veces llega con dificultades, pero todo se transforma al verla. “La Virgen de la Montaña siempre ha estado a mi lado y eso se nota: la troya, el atropello, una intoxicación con ácido… y sigo aquí”.


Aunque asegura que la Virgen no pesa, admite que el anda de la Fiesta Grande es otra historia. “Cuando la sacamos de la Iglesia Chica, con 23 o 24 anderos resulta bien. Pero sacarla de la Basílica Menor es complicado. Es muy pesada y somos como 80 los que queremos llevarla. La puerta es estrecha y muchos se meten debajo, los más chicos se cuelgan”.
Padre de Carlos y de Carolina —profesora que reparte agua a los anderos y madre de una niña de siete años—, don Osvaldo vive tranquilo con su esposa, disfrutando de su pensión y esperando cada año el reencuentro con La Chinita. “¿Hasta cuándo? No sé. Mientras las fuerzas me acompañen, ahí estaré”.



