Jueves 11 de Diciembre de 2025 Comunidad

Osvaldo Mondaca andero de toda una vida

Hizo una manda a La Chinita para salvar la vida de su hijo y a sus 71 años todavía siente la fuerza y el llamado para seguir cumpliendo su promesa.

Desde tiempos inmemoriales, los an­deros de Andacollo cargan a Nuestra Señora del Rosario en las procesio­nes, renovando su fe y compromiso en la Fiesta Chica y la Fiesta Grande. Entre ellos destaca Osvaldo Monda­ca, conocido como “el Grande”, quien suma 49 años llevando a la Virgen de la Montaña sobre sus hombros.

Los anderos son devotos que cumplen promesas portando el anda, tradición que se remonta a fines del siglo XVI, cuando el indio Collo encontró la ima­gen en el cerro. Osvaldo sobresale por su estatura, su fuerza y su cabello ca­noso, pero también por su constancia. “Soy el más antiguo, el más grande y el primero en llegar a las cinco de la mañana. Por eso soy el primero en el anda”, comenta con emoción.

Asegura que continuará mientras las piernas lo acompañen o La Chinita así lo permita. “Tengo 71 años y 49 llevan­do a la Virgen. He tenido problemas de salud, pero igual estoy junto a ella”.

EL ORIGEN DE LA DEVOCIÓN

Su promesa nació hace décadas, cuando su hijo Carlos, de apenas un año, estuvo al borde de la muer­te. “Un domingo estábamos en una cancha, disfrutando del día, y sin aviso se me fue para atrás. Te­nía los ojos blancos”, recuerda con lágrimas. Un vecino lo llevó de ur­gencia al hospital, donde el doctor Jacob le advirtió: “Te demorabas diez minutos más y el niño se va”. Tras el susto, y mientras su espo­sa se quedó en el hospital, Osvaldo fue directo a la iglesia.

Antes de convertirse en andero, Osval­do no participaba en las fiestas. Le gus­taba el fútbol y era un firme defensa del equipo Manganeso. También trabajó como minero y perforador, donde tuvo varios percances. “Parece que le caigo bien a la virgen, si no, otra sería la histo­ria”, dice entre risas.

Cuando le preguntan qué siente al car­garla, responde “Es muy bonito y emo­cionante”. Durante la Procesión del Se­ñor, en Semana Santa, la llevó durante 33 años. Hoy se concentra en las fiestas de octubre y diciembre, donde suma ya casi medio siglo de compromiso.

Reconoce que muchas veces llega con dificultades, pero todo se transforma al verla. “La Virgen de la Montaña siempre ha estado a mi lado y eso se nota: la tro­ya, el atropello, una intoxicación con áci­do… y sigo aquí”.

Aunque asegura que la Virgen no pesa, admite que el anda de la Fiesta Grande es otra historia. “Cuando la sacamos de la Iglesia Chica, con 23 o 24 anderos resul­ta bien. Pero sacarla de la Basílica Menor es complicado. Es muy pesada y somos como 80 los que queremos llevarla. La puerta es estrecha y muchos se meten debajo, los más chicos se cuelgan”.

Padre de Carlos y de Carolina —profesora que reparte agua a los anderos y madre de una niña de siete años—, don Osvaldo vive tranquilo con su esposa, disfrutan­do de su pensión y esperando cada año el reencuentro con La Chinita. “¿Hasta cuándo? No sé. Mientras las fuerzas me acompañen, ahí estaré”.

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